24 abr. 2010

EMPATÍA



El agua estaba revuelta y gris.
El día estaba nublado y el viento fuerte inclinaba las palmeras al borde del río, pero hacía mucho calor y por alguna razón que no era meteorológica, se sentía ideal para un almuerzo al aire libre.
Cristina y Juana sacaron la bolsa con los refrescos y la comida del auto, las plegables y servilletas, y se instalaron bien cerca de la orilla.

—¿Me pasas el vaso?, ¿qué preferís, coca o jugo de naranja?

—Jugo—respondió Juana, que había estado muy silenciosa los
últimos días preocupando un poco a su amiga.

—Hace pila de calor, ¿por qué no aprovechas y te sacas el
pañuelo?

—Me da un poco de vergüenza, no sé, ¿te parece?

—Ah! Juana, dejate de jorobar, ¿vas a transpirar como un chancho pelado por la gente? ¿desde
cuándo te importa la gente? ¡Además no hay casi nadie!

Juana se desató el pañuelo más por complacer a Cristina la terca, que por estar convencida ella, dejando al descubierto su cabeza completamente pelada. Pero se sintió aliviada al sentir el viento refrescante, y le dio la razón, aunque solo en su mente.

—Sos cruel Cris, “chancho pelado”... ¿no es un poco fuerte?

Cristina tocó la bocha de Juana, golpeteando con la palma de su mano:

—Para la suerte, tocando a un pelado…

Juana rió a carcajadas, empujando la mano de su amiga que se hacía la seria, aunque dijera el peor disparate.
El sol empezaba a brillar, caliente entre las nubes que le abrían paso.


Texto de Lorena F.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Con qué naturalidad lo relatas!