1 may. 2011

MIS ANGELES DEL AÑO (Carta abierta)

Ya pasaron varios meses desde que recibí esta carta. Hoy la volví a leer y sentí que es digna de ser compartida, por la calidez de sus palabras y ese sentimiento mutuo que tenemos Pat y yo.

A veces uno siente que lo que hace no es importante; o al menos, no lo suficientemente importante como para cambiar el mundo. Pero entonces suceden cosas, se tocan otras vidas, y eso hace que para esas personas cuyas vidas tocas, sí es importante, porque produces en ellas cambios, y eso es una manera de mejorar el mundo.

Cuando llegas a esas vidas te estás convirtiendo en un ángel; un ángel de crecimiento, de experiencia, dejando tu huella labrada en el alma.

En los últimos tres, tal vez en los últimos cinco años, he aprendido más que en todo el resto de mi vida. Pero en cierta forma sentí que me había quedado sin ángeles, que los había consumido en una niñez casi ideal, siendo mimada, cuidada, querida, en una adolescencia sin mayores conflictos, en una juventud de trabajo disfrutable y disfrutado, en una hija que es la luz y la fuerza, y en una madurez junto a un hombre que cada día encontraba nuevas razones para amarme, y que cada día me daba razones para elegir quedarme a su lado. Pero él se fue, y se llevó todos mis ángeles. El abandono congeló mi espíritu, mis ganas y mi cuerpo, haciendo que volviera el cáncer a ponerme a prueba. Sin ganas de pelear, decidí pelear, porque algo me quedaba por hacer.

Y este año, regresaron mis ángeles, y tú fuiste uno de ellos. Te cuento por qué:

Apenas te conocí sentí empatía. Como solemos decir, nos une algo más que el lazo rosa. Era como si te estuviera esperando para una misión que no me animaba a emprender sola. Y lo que empezó como una forma de comunicación, de volcar nuestras experiencias, se transformó en un “movimiento” que está teniendo grandes logros. Cada persona que recobra su confianza es una celebración.

Eli, contigo en este camino me siento útil, ejemplo y solidaria. Me siento ángel también.

Gracias por eso, querida compañera en esta senda.

Patricia


Ser compañera de senda de una persona como Patricia, es un orgullo para mi.

Caminamos al mismo ritmo

Pensamos simultáneamente

Nos complementamos en una labor que tiene un fin: dar ánimo, fe y esperanza a quienes más lo necesitan en los momentos difíciles y lo hacemos desde nuestra propia experiencia.


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