8 mar. 2016

MUJERES, tan solo y tan mucho MUJERES

A fines del 2015 una de las integrante del grupo HONRAR LA VIDA, que apoya a mujeres con cáncer, al igual que nosotros,  nos convocó a escribir nuestras historias de manera concreta, dando un mensaje positivo, de esperanza. Su idea era hacer una presentación titulada: HISTORIAS DE MUJERES.
Las tres creadoras de MAMA MÍA (Patricia, Catalina y Elizabeth) respondimos a la solicitud y hoy queremos compartirlas con nuestros lectores.



El día del diagnóstico sentí como si el mundo se derrumbara, tuve miedo de quedarme sin sueños, sin proyectos, creí que mi futuro se haría pedazos.
Después, de a poco, todo fue sucediendo; me rodearon ángeles vestidos de médicos, de enfermeras, de familia, de amigos, y también de personas que no conocía. Me cuidé, me cuidaron, hasta que un día, y no sé muy bien cómo, me levanté y comencé a juntar los pedacitos para armarme de nuevo y salir adelante con los sueños que me quedaban.
Hoy, soy una mujer diferente, tal vez más fuerte, tal vez espiritualmente más rica. No sé si algún día pueda decir que he vencido al cáncer, lo que sí puedo asegurar es que él no me ha vencido a mí.


Patricia



Yo tenía 41 años y cuatro hijos chicos cuando me diagnosticaron.
Y como no soy la excepción, me hice las preguntas de siempre: “por qué a mi?”, “por qué ahora?”...
Unos días después de terminar con el tratamiento (me pegó fuerte, fue duro para mi) estaba en misa y veo una mamá corriendo tras su beba chiquita, todas sabemos como es cuando se largan a caminar, no paran, solo nos queda doblar la espalda y correr tras ellas. Entonces hice memoria, mi cara se iluminó con una gran sonrisa y se me representó la imagen de mis gemelas corriendo por todos lados a esa misma edad. Entonces pensé: Dios me lo mandó ahora porque ahora puedo.
Ahora podía luchar, no estaba en esa etapa, mi cuerpo podía atacar con todo, guardando energías para disfrutar a mis hijos. Así como pude cuando me mandó gemelas ya teniendo dos chiquitos, así pude con el tratamiento.
Y eso hice, di lucha, y pude.

Por que elegí esta foto? Esta foto es de este año. Yo pensé en aquel momento que no iba a disfrutar más viajes. Y aquí estoy, subiendo escalones en unas pirámides mágicas, sintiendo que se puede, que siempre hay escalones por subir.

Quiero compartir lo que escribí cuando terminé con la quimio en mi muro de facebook:
26/4/2010
Y es así, hoy fue la ultimísima de mis torturitas-curadoras y me parece mentira no decir más "una menos", "ya falta poco", "no es nada", “tengo que poder” porque ya está!!! me veo cruzando la meta y con una certeza ineludible de que gané. 
Sin ánimo de quitarme mérito, tengo que decir que tuve una gran hinchada, un entrenador de hierro que me acompañó en cada paso y no me dejó flaquear ni un segundo, que las sonrisas de mis hijos me iluminaron al costado de la carrera cual soles, que no faltaron amigos y familiares que me acercaran palabras amables y de buen ánimo, que el rezo del rosario compartido con las amigas fue fundamental, que sentí a Dios conmigo en cada momento y podría seguir, agradeciendo en detalle. 

No me queda más que agradecer, aplaudir y emocionarme con el apoyo recibido, no veo la hora de descorchar el champagne (simbólico no? ya que no me gusta) como símbolo de festejo, salpicar a todos los que están a mi alrededor para que sepan que me siento feliz de haber superado esta prueba. 

Catalina



Cuando me enteré que tenía cáncer, a los cuarenta y cuatro años, no lo podía creer pues no sentía ni veía nada diferente en mi cuerpo.


Muchas cosas cambiaron en mi vida desde entonces, perdí un pedazo de mi cuerpo y otro de mi vida, mi pareja, después de diecisiete años de matrimonio.
Cierto día decidí viajar al sur de Chile y subir al volcán Osorno,  mi intención era dejar en su cima toda la angustia que me oprimía. Quería volver a empezar. Miré al cielo y vi un cóndor que planeaba entre los picos nevados.
Al regresar, la vida me dio una sorpresa que no esperaba… En el Tala, cerquita de Montevideo, encontré al Sr. Amor. Cuando lo conocí, estaba por culminar mi quinto año de tratamiento, es decir se avecinaba  el retorno a la vida normal.
Y siguieron las sorpresas…El día que me hice la mamografía de control, de nuevo la palabra cáncer resonó en mis oídos.
Esta vez no escalé una montaña real, mi amor y yo nos tomamos de la mano y juntos emprendimos el camino, esquivando las piedras, apoyándonos el uno en el otro.
Como aquel cóndor, hoy extiendo mis brazos y miro al mundo con otros ojos, agradecida por ser feliz, por haber tenido fuerzas para enfrentar la adversidad y por haber vuelto a sonreír.

                                                                                  Elizabeth


Nos encantaría que quienes estén leyendo estas líneas se animen a escribir su propia historia y compartirla. Seguramente será de ayuda para muchos.

                                      






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